No
es la primera ni la última mujer que deja a un tipo por otro, pensó Héctor al
verse solo y desnudo en la inmensa cama, parcialmente cubierto por las sábanas
en las que aún se respiraba el perfume de la piel de Diana. “Pero esta vez es
distinto”, repetía hasta la saciedad ante amigos, parientes, terapeutas y
baristas. Lo siguió repitiendo hasta que tuvo un accidente y dejó de hablar. Y
también dejó de vivir.
© Eytán Lasca-Szalit, febrero de 2020
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