Saturday, February 8, 2020

Elena y Cooper


“García, de pie, miraba al choborra que su muro desfachatadamente enchastraba” — Repite el guitarrista a quien los mozos de ese boliche llaman Cooper. Viste un ajado traje blanco y la voz le sale ronca. Elena, una mujer caribeña, madura y exuberante echa a reír alegremente. 

“García, de pie, miraba al choborra que su muro…” — Insiste el payador y la antillana lo interrumpe. “¡Tú no cantas ni comes fruta! Mejor invítame a un mojito o una jodedera de esas que les gustan a ustedes…”.Cooper se sienta a su lado. Al cabo de unos segundos se besan en la boca y salen del bar. 

En unos minutos llegan a una habitación cochambrosa donde se desnudan y ambos cuerpos se buscan en la penumbra. La boca de Elena recorre el enjuto cuerpo del guitarrista y, mientras le coloca un preservativo, le susurra al oído: “Son dos mil y la cama”.

© Eytán Lasca-Szalit, enero de 2020

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