García, de pie, miraba como
A.J., el altanero mediocampista neoyorquino que en sus mejores días había
jugado como semiprofesional, se retorcía de dolor en el césped, agarrándose los
testículos como si quisiera protegerlos de una invisible agresión exterior.
—“Torsión de güevos”, indicó
García con su característico tono estridente. El flaco Tao asintió: “Cielto.
Extiende las pielnas, no tengas miedo, soy un doctol”,A.J. se dobló aun más
apretándose los genitales con desesperación. Los demás jugadores reían con
disimulo.
—“¡No! ¡No puedo!”, replicó
A.J.
El flaco Tao se irguió y dijo
con tono solemne: “Hay que tlasladalo al hospital, quizá haga falta una
cilujía… "Ayúdame, Galcía”.
En ese momento, A.J. estiró
las piernas y se puso de pie.
© Eytán Lasca-Szalit, enero de 2020
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